Tejer lana de trashumancia
La lana de rebaños trashumantes guarda mapas en su fibra: minerales del valle, flores altas, nieve tardía. Lavada con paciencia en agua fría y cardada al sol, se vuelve hilo agradecido para gorros, mitones o fundas de cantimplora. Tejer en etapas cortas, entre caminatas, permite revisar tensión y patrón sin prisa. Los nudos cuentan descansos, las rayas marcan cumbres logradas y la prenda, al final, abriga recuerdos tanto como cuerpos cansados.